A Gayo Mecenas de Quinto Horacio Flaco

RESUMEN

¡Oh Mecenas, hijo de reyes, mi apoyo, mi dicha, mi gloria! Hay mortales a quienes place levantar con su carro el polvo olímpico y que evitando el término con las candentes ruedas, recogen la noble palma que los eleva hasta los dioses, dominadores del mundo.

Hay otros ávidos de cautivar el favor de la muchedumbre de lo quirites inconstantes, que se agitan por elevarlos a los triples honores; otros hay ganosos de amontonar en su troje todas las cosechas de las eras líbicas.

El amigo del campo que cultiva en medio de una paz la tierra paternal, jamás se hará a la idea de abandonarla, así sea el precio de las riquezas atálicas, a fin de que pavoroso marinero, corte con el leño ciprio el mar de Myrto.

El mercader, espantado de los vientos del África que luchan con las olas icarias, alaba el reposo de su pueblo y la inquietud de los campos: pero al poco, indócil al yugo de la pobreza, repara sus cascadas naves.

El uno lleva su copa del añejo másico, y gusta de pasar parte del día tumbado blandamente, ahora debajo del verde madroño, ahora del manantial tranquilo de una agua sagrada; el otro gusta del tumulto de los reales, del son de las trompetas mesclada con la volteada y todos los rumores de Belona aborrecidos de las madres.

El cazador olvidándose de su joven esposa, se queda al sereno frio espiando, sea que los fieles perros hayan visto una cierva, sea que el manso jabalí haya roto las redondas largas redes.

Y yo, ceñido de hidra, ornamento de las doctas frentes, me uno con esto a los dioses celestiales. Los frescos bosques, testigos de las ligeras danzas de sátiros y ninfas, me apartan ya del vulgo: y si ni Euterpe me niega sus flautas, ni Polyhimmia me rehúsa templar la lesbia lira; y si tú Mecenas, me cuestas entre los poetas liricos, heriré con la alta coronilla de mi cabeza las estrellas.

Siempre se reafirma que Horacio canto las grandezas de Roma, sobre todo tributo respeto a Cesar Augusto. A pesar de no ser del lugar preciso, fue un romano de corazón y pureza. Y cuando se refiere al Emperador, le canta con fervor rutilante.

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